| La identidad del Malbec |
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| sábado 30 de agosto de 2008 16:36 | |
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Desde fines del siglo XIX, con su introducción por inmigrantes europeos que la llamaron “uva francesa”, fue moldeando el paladar argentino y, al mismo tiempo, aclimatándose a un terruño que le definió sus características de gran uva para vinificar. A diferencia de sus hermanas bordelesas como el Cabernet Sauvignon y el Merlot, tiende a presentar vinos con características aromáticas frutales que le dan un paladar fresco con taninos que no son agresivos, aún en sus primeros años. El rasgo que más llama la atención es que, aún con esos aromas frutales que harían esperar un paladar sencillo, se recibe en la boca con una complejidad estructural que le permite permanecer en ella creando una sensación muy agradable. El apoyo del alcohol refuerza esa percepción “dulce” sin tener azúcar residual. Si en sus primeras épocas como vino francés el Malbec no dio los resultados que luego diera en la Argentina, posiblemente estemos hoy ante un hecho similar cuando pretendemos hacer del Malbec otro varietal bordelés, imitando lo que se hace con ellos en el Nuevo Mundo vinícola. Prácticamente todas las críticas sobre vinos tintos concluyen en la globalización del estilo: “color: rojo intenso con tonalidades violáceas, olfato: aromas a frutos rojos del bosque, gusto: de gran cuerpo, con permanencia en boca”. Sin embargo, el Malbec dista mucho de encuadrarse dentro de esta definición y, precisamente por eso, tiene las preferencias de muchos amantes del vino. |


